













El museo Thyssen Bornemisza acoge estos días la exposición “Todo o nada”. Se trata de un recorrido por la obra del fotógrafo Mario Testino a través de 54 fotografías que reflejan los dos lados de su trabajo, la moda y el desnudo. La muestra comienza con modelos vestidas que progresivamente perderán la ropa. Un reflejo de su icono de mujer donde caras conocidas del mundo de la moda y el cine participan en este proyecto.
El fotógrafo de moda por excelencia, Mario Testino, muestra el lado más sensual y elegante de las top del momento, de grandes iconos de la belleza en marcos teatrales, con vestidos sofisticados y bajo el sello de grandes marcas.
Natalia Vodianova, Claudia Schiffer, Sienna Miller, Kate Moss y otras musas de Testino componen esta exposición, formada por 54 imágenes impactantes. Una historia que comienza con algunas de sus mejores campañas publicitarias en el mundo de la moda y finaliza con su lado más íntimo, los desnudos.
Excepto entendidos, esta es una exposición rápida, en media hora un paseo es más que suficiente para apreciar su trabajo y admirar la belleza femenina en su máximo esplendor. Se trata de una oda a la mujer, a los adornos en forma de aparatosos trajes o desnudos en cuerpos perfectos. Un repaso por la chica diez, de esas que existen pocas.
Y es que Mario Testino, tras acabar sus estudios en Lima se trasladó a Londres, donde comenzó sus éxitos profesionales. Desde entonces, este artista de la moda ha colaborado con numerosas revistas de gran prestigio internacional, como “Vogue” o “Vanity Fair”.




La 30ª Feria Internacional de Arte Contemporáneo tuvo lugar entre el 16 y el 20 de febrero en IFEMA. Participaron 197 galerías de las 350 que se presentaron procedentes de más de veinte países y distribuidas en dos pabellones en lugar de los tres que había el año pasado.
Como cada edición, ARCO tiene un país invitado. Este año le ha tocado el turno a Rusia, un país en dónde las nuevas creaciones artísticas van muy de la mano de las grandes inversiones de los famosos petrodólares rusos.
Como datos sorprendente y obligados por la crisis económica, ARCO ha reducido el número de metros cuadrados destinados a los stands, algo que ha obligado a hacer una exhaustiva selección de galerías entre las que se encuentran, por primera vez, importantes galerías de países como Dinamarca y Alemania.





La historia del arte occidental abunda en imágenes de mujeres seductoras, complacientes, sumisas, vencidas, esclavizadas. Pero el objeto de esta exposición son las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes. O bien, para usar una palabra clave de la agenda feminista en las últimas décadas: esta exposición se interesa por aquellas imágenes que pueden ser fuentes de “empoderamiento” para las propias mujeres.
Los inventarios de heroínas tienen una larga historia, desde los primeros catálogos de mujeres célebres de Hesíodo y Homero, donde ellas sólo figuraban como accesorio de los varones: a título de madres e hijas, esposas o amantes de los héroes. El primer compendio de mujeres ilustres por sus propios méritos fue el de Claris Mulieribus de Boccaccio, que seguía la huella del de Viris Illustribus de Petrarca. Inspirada por el texto de Boccaccio, pero decidida al mismo tiempo a corregir su punto de vista, Christine de Pizan, escribió en 1405 la primera defensa de las mujeres escrita por una mujer: Le Livre de la cité des dames. Si se permite el anacronismo, Christine de Pizan fue la primera feminista porque atribuyó la desventaja de la mujer, no a la naturaleza, sino a la costumbre. Su texto inauguró una larga Querelle des Femmes que ha durado siete siglos y todavía sigue abierta.
Heroínas es también una especie de “ciudad de las mujeres” centrada especialmente en el ciclo de la modernidad, desde el siglo XIX hasta la actualidad. Siguiendo un orden, no cronológico, sino temático, explora los escenarios y las vocaciones de las heroínas: la iconografía de la soledad, el trabajo, la embriaguez, el deporte, la guerra, la magia, la religión, la lectura y la pintura. En cada capítulo de la exposición se yuxtaponen obras de distintas épocas, lenguajes y medios artísticos para provocar una reflexión sobre lo que cambia y lo que permanece a través de esas diferencias. Y en cada capítulo, una o varias voces de mujeres artistas, sobre todo contemporáneas, responden a las imágenes creadas por sus colegas varones.
En la primera parte de la exposición, en el Museo Thyssen-Bornemisza, domina el poder físico de las heroínas, la segunda parte, en las salas de la Fundación Caja Madrid, explora los poderes espirituales.